Don Quijote o La imaginación más generosa del mundo

Abstract: (Don Quixote or The most generous imagination of the world) The Don Quixote is a gentleman in his fifties, who leads a quiet life on his small farm, "an ordinary man among the contemporary Spanish people of Cervantes" (Del Rio 1982, I 477). But his great passion is reading books of chivalry, so he gets to sell "many bushels of tillage land to buy books of chivalry to read, and so he brought home all of them" (I, 1). This hobby confuses him and leads him to madness, since it takes very seriously everything he reads. Being ecstatic by the noble ideals of chivalry, Don Quixote yearns to be part of the order of knights errant, to "defend maidens, to protect widows and to help the orphans and the needy" (I, 11), and takes the "abnormal decision" (Canavaggio et al. 1995, III 70) to imitate their heroes. Don Quixote rises to a higher plan what he encounters in the common world, he turns everything into ideal. The common seller girls seem princesses to him. As Miguel de Unamuno says, Don Quixote, by losing his mind, "lost it for our sake; to let us eternal example of spiritual generosity. In his right mind, would he have been so heroic? He made for the sake of his people the greatest sacrifice: his judgment. His fantasy grew beautiful nonsense, and he believed to be true what only beauty is. And he believed with such alive faith, with such engendering faith of works, that he agreed to put into practice what his nonsense showed him, and by believing it, he made it true" (Unamuno1992, 163). Thus, in the cultural imaginary Don Quixote is the epitome of being generous, willing to make the most painful sacrifices for their fellow men.

Keywords: Spanish literature, Don Quixote, imagination

Resumen: Don Quijote es un hidalgo cincuentón, que lleva una vida apacible en su pequeña hacienda, “ser común y corriente entre los españoles contemporáneos de Cervantes” (Del Río 1982, I477). Pero su gran pasión es la lectura de los libros de caballería, de manera que llega a vender “muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos” (I, 1). Esta afición le perturba, y le lleva a la locura, puesto que se toma muy en serio todo lo que lee. Con la mente enfervorizada por los nobles ideales caballerescos, Don Quijote anhela formar parte de la orden de los caballeros andantes, para “defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos” (I, 11), y toma la “decisión aberrante” (Canavaggio et al.1995, III 70) de imitar a sus héroes. Don Quijote eleva a un plan superior lo que encuentra en el mundo vulgar, lo convierte todo en ideal. Las chicas vulgares de la venta le parecen princesas. Como apunta Miguel de Unamuno, don Quijote, al perder el juicio, “por nuestro bien lo perdió; para dejarnos eterno ejemplo de generosidad espiritual. Con juicio, ¿hubiera sido tan heroico? Hizo en aras de su pueblo el más grande sacrificio: el de su juicio. Llenósele la fantasía de hermosos desatinos, y creyó ser verdad lo que es sólo hermosura. Y lo creyó con fe tan viva, con fe tan engendradora de obras, que acordó poner en hecho lo que su desatino le mostraba, y en puro creerlo hízolo verdad” (Unamuno 1992, 163). De esta manera, en el imaginario cultural Don Quijote es el arquetipo del ser generoso, dispuesto a hacer los más penosos sacrificios por sus prójimos.

Palabras clave: literatura española, Don Quijote, imaginación